Si sólo me perturbase
la luz de tus ojos
no viviría en la tormenta.
Caminaré
por esta eterna autopista
descalzo y dolorido
abrasado por el fuego.
Tú sabes
que al final, me espera
el gran asesino.
Rodeado
de cuervos y tempestades
observándome con
sus cuencas vacías.
Poco importa ya
el final de la hora
del lobo.
Si he vivido el caos
que me provocas,
si disfruto viviendo
en la tormenta.





